domingo, 30 de junio de 2013

Sigo sin Twitter, así que es de suponer que este espacio se llenará de más obscenidades; éste y el Tumblr que comparto con mi novio. Y bueno, en esta ocasión (y nada más porque ando aburrido, es domingo y no quiero trabajar), les platicaré de un disco que no puedo quitar del reproductor y también de algún otro que venga al caso y piense que sea pertinente. O no. Pero pensándolo bien eso de platicar es inexacto, más bien comentaré los títulos de los discos y subiré los temas que me gustaron o llamaron mi atención y ya. Ah, son discos de Hip Hop y Rap.

El primero es Bruja, de la Mala Rodriguez y es el que no para de sonar en mis oídos. Es el quinto de esta mujer española y según las criticas contiene la misma fuerza y fiereza de sus antecesores. Y sí, el disco es una protesta total pero también contiene temas personales que, sorpresivamente, ayudan a crear un sentimiento de soledad, desesperación y de estar hasta la madre de todas las cosas ojetes que existen en nuestra actualidad. Pero como no quiero hartar con una supuesta erudición musical aquí le paro y le dejó el link de Jenesaispop para que cheque la reseña del disco: http://jenesaispop.com/2013/06/16/mala-rodriguez-bruja/.  

El otro es el de Kanye West: Yeezus. Aquí es preciso aclarar que nunca he sido fan de este hombre y que incluso cuando me enseñaron su trabajo anterior, My beautiful dark twisted fantasy (y que dicen es su obra maestra), no me sentí atraído por su sonido, un poco en parte por utilizar una serie de sampleos de canciones tan variadas que me hizo infravalorar el esfuerzo del músico. Con Yeezus ha sido diferente. Pudiera decir que debido a la canción Blood on the leaves pero no, en realidad todo el disco me parece bueno, lleno de furia y toques experimentales en cuanto a la mezcla de sonidos. El tema que mencioné aquí arribita contiene un sampleo de Strange Fruit cantada por Nina Simone, canción que inmortalizó Billie Holiday y trata sobre los negros que eran colgados de los arboles, lo cual los hacía lucir como un fruto extraño precisamente. Y si en la voz de Billie sonaba escalofriante (sobre todo cuando la interpretaba en vivo, dicen), en la canción de Kanye no se pierde esa sensación.  

Y pues sí, el Rap y sus derivados siempre ha sido un arma para la denuncia y la protesta, aunque en algún momento haya creado exponentes risibles (Vanilla Ice, Control Machete, etc.) y ahora se diversifique (léase Die Antwoord, Tyler the Creator pero sobre todo Mikky Blanco) y muestre que no solo es para ello.

P. D. Después de un año M. I. A. lanza otro sencillo de su disco Matangi (que a ver si es cierto que sale en este 2013), no tan bueno (sobre todo el video) como Bad Girls pero con pelo rosa y coros de metralla. 


Mala Rodriguez: 33 y Quien manda.



(solo la encontré con un tal Shotta que no me gusta tanto)



Kanye West: Blood on the leaves.




M. I. A.: Bring the noize.

              

        

domingo, 23 de junio de 2013

El gobierno (Uno)

Según mi padre, el gobierno en el pueblo empezó el día que un hombre prometió traer el mar hasta acá. También con unas elecciones armadas de un día para otro; comicios en que la mayoría de la gente (al menos eso se dijo de manera oficial) votó por el señor Gobernador y no por uno de sus ahijados. Lo extraño fue que después de dicha elección, cuando se preguntaban entre todos quiénes habían votado por él, muy pocas personas respondían “yo”, aunque en el fondo, todos ansiaban tener a la vista otro horizonte, una brisa distinta y un poco más de color azul en este pueblo amarillento.

                Claro que el mar nunca llegó, decía mi padre cada vez que se acordaba de la mentira más grande que podía recordar.   

lunes, 17 de junio de 2013

Gracias a diversos teóricos literarios hubo un tiempo en el cual se consideró la figura del autor como la principal fuente de inspiración en la creación dentro de la literatura dejando a la obra misma no solo como un resultado axiomático, sino, incluso, como un ente aparte que, un poco menospreciado, delegaba la atención a la vida del ser humano que la había creado. Esta relación entre la obra (en este caso literaria) y su creador, siempre ha sido motivo de estudio y, sobre todo, especulación ya que resulta imposible separarlos y además, permite entender un poco más el universo que el escritor pretende establecer a su alrededor.  
Con el paso del tiempo todo se fusionó; actualmente la obra es considerada la base de la pirámide que incluye al autor y, ahora también, al lector. Pero además de esta aparente armonía se desarrolló algo que es consecuencia de la fama y que es inherente a la experiencia estética que nos produce el contacto con una obra artística que nos trasciende: el culto al autor.         
Me atrevo a pensar que este culto se crea porque además de las sensaciones que las obras literarias generan en el lector (y que establecen la necesidad de conocer más sobre la persona que tal vez adivinó nuestro pensamiento o nos trasladó a un mundo al que jamás, por ninguna circunstancia, nos hubiéramos imaginado ir), han existido escritores con vidas realmente sorprendentes. Suicidas, dementes, homosexuales, alcohólicos y un largo etcétera han establecido puentes a través de sus creaciones con miles de seres que a su vez, ya sea por sentirse identificados o por simple morbo, investigan e idealizan la figura del autor. Esto no quiere decir que todos los creadores tienes que ser necesariamente personajes conflictivos o siquiera interesantes, sin embargo, gracias a numerosos antecedentes, persiste la idea de que la gran mayoría de los artistas son excepcionales en cuanto a su modo de vivir. No obstanteexisten muchos que son personas normales, con problemas un poco más comunes, si se puede decir. Lo mismo sucede con la postura aquella de que para escribir, entre muchísimas cosas más, es necesario haber vivido, y a este respecto, también se puede conceder la posibilidad de que no siempre es así. En fin.  
Por otro lado, no siempre fue necesaria una horda de fans (o fanáticos) para levantar toda una leyenda referente a una figura, digamos, pública. Es decir, así como han habido escritores a los cuales les tuvo sin cuidado lo que la gente pudiera percibir de ellos o la forma en la que sus lectores imaginaban sus vidas, hubo otros que por sí mismos se encargaron de mostrarle al mundo todo lo posible en cuanto a su persona, creándose más un personaje de sí mismos que otra cosa. Es el caso de Ernest Hemingway, quien en algún punto de su carrera no necesitó de nadie más que él para crear un culto alrededor de su personalidad. Él mismo logró que su figura adquiriera un protagonismo desmedido y ayudó a enaltecer la figura del escritor como un ser con una necesidad de atención bastante grande y, muy importante, en los tiempos en los que no había Twitter o Facebook. Y es que desde un punto de vista personal estas redes sociales (y supongo que algunas otras también) permiten que no solo escritores y personajes de la vida pública sino todo sus participantes, usen y abusen de ellas creando verdaderos altares en sus perfiles, muros y cuentas llevando casi al extremo el culto a la personalidad. Esto, aunque lo parezca, no es un ataque a la redes sociales en cuestión ni a sus usuarios, pues cada quien es libre de hacer con su vida lo que quiera y dentro de ello está el participar en ellas o no. La cuestión aquí (quiero creer, porque en realidad no estoy muy seguro de lo que estoy escribiendo) comienza con lo siguiente:     
 Un día, el escritor peruano Iván Thays posteó una entrada en su blog (aquí el link: http://ivanthays.com.pe/post/47195891777) donde plantea cuáles serían las interacciones de algunos escritores del Boom Latinoamericano en las redes sociales actuales y claro, eso hace volar la imaginación y no limitarse a los de este continente y/o periodo. También echar un vistazo a los perfiles y las cuentas de los escritores contemporáneos  y días después recordé una experiencia que me sucedió con la red del pajarito azul.  
En un viaje de estudios a la FIL de Guadalajara me recomendaron Temporada de caza para el león negro y me gustó bastante. Una novela de un joven escritor zacatecano joven y finalista de uno de los premios más prestigiados: el Herralde. Por medio de la solapa del libro me enteré de que tenía un blog desde mucho tiempo atrás: http://atari2600.blogspot.mx/ y también por esa época, o tal vez un poco antes,  yo había creado una cuenta en Twitter. Así que de pronto me encontré con que ya seguía Tryno Maldonado en esa comunidad, el escritor de la novela que me había gustando tanto en los últimos meses. Como es de suponer, nada de eso cambió mi vida ni lo que sucedía a mi rededor. La red social en cuestión acaparó mi atención por un buen periodo de tiempo y me mantenía pendiente de lo que publicaban las personas a las que seguía (que tampoco eran tantas y nunca lo fueron) pero sin que ello provocara una revolución en mis actividades diarias. Supongo que por eso no me pasó inadvertido el hecho de que Tryno dejara de publicar tuits de la manera en que lo hacia, o sea, con cierta regularidad. Hasta que retomó dicha actividad con datos respecto a su nueva novela: Teoría de las catástrofes. La verdad es que me dio gusto saber que el zacatecano publicaba un nuevo texto y por supuesto, me dieron ganas de leerla en cuanto saliera a la venta (cosa que no pasó así porque el libro era un poco caro y mejor esperé a que alguien lo consiguiera y me lo prestara). L la novela y no me pareció mala pero sigo prefiriendo la anterior y no precisamente por la diferencia en cuanto a la extensión. Pero mientras, en Twitter, Maldonado publicaba TODO lo referente a su nuevo trabajo, las actividades de promoción, entrevistas, reseñas y, también, el nuevo corte de pelo y sus atuendos gracias a Instagram. 
Al principio entendí que todo era parte de la novedad, de promocionar la novela y de que ésta llegara a la mayor cantidad de gente posible para que la comprara, o bueno, que la leyera, lo que es más esperado en un trabajo literario. No obstante perdí el interés cuando todas las publicaciones del señor Maldonado giraban alrededor no solo de la novela sino de su persona gracias a una cantidad bastante considerable de fotografías antes, durante y después de cualquier entrevista y/o presentación. Llegué a la desesperación cuando el señor posteó la foto de su nuevo corte de pelo y lo dejé de seguir. Alguien dirá (y yo estoy completamente de acuerdo) que solamente es Twitter y que (lo repito) cada quien es libre de hacer lo que le venga en gana en su vida y aún más en una red social y que nadie, absolutamente nadie, me obligaba a ver las publicaciones que Tryno hacía. Pero bueno, se supone que para eso sigues a las personas y si en tu Time Line alguien publica una foto, escribe utuit o cambia su estado, pues lo notas, lo ves. Tampoco se trata de enjuiciar a nadie y es preciso reconocer que también para eso son las plataformas éstas, para que la gente suba las cosas que quiera mostrarle al mundo. Puedo exponer, además, que yo ya no soy muy adepto a estas cosas y por si fuera poco, estoy un poco amargado, así que la decisión de dejar de seguir a Tryno obedece únicamente a mi forma de ser y pensar (expreso esto de manera superflua aunque parezca lo contrario, porque, repito, es Twitter) 
Con todo esto llego al cuestionamiento que debería haber planteado desde el inicio: ¿hasta qué punto es necesario el culto al autor? Por que, bueno, luego los egos se disparan y no hay quien los baje de las nubes y digo, yo estaba feliz y contento sabiendo que hay una excelente novela llamada Temporada de casa para el león negro, de un joven escritor zacatecano y que además iba a publicar otra, una que alguien dijo "es la mejor novela de su generación", sin embargo, conocer datos como que a este escritor no le gusta Arcade Fire, que tiene una banda de metal y que le gusta presumir sus cortes de pelo en Twitter (sin mencionar el antecedente sobre el FONCA) no me dicen nada y únicamente me invitan a desinteresarme por su figura como escritor joven del país    
Supongo que pocas personas estarán de acuerdo conmigo (ahora que casi todos somos escritores pero no lectores) y agradecerán el acercamiento que puedan tener con las personalidades de su interés gracias a las nuevas herramientas digitales y a fin de cuentas, están en su derecho, como yo en el mío Por cierto, hace dos semanas cerré Twitter acuciado seguramente por un alto grado de misantropía (digital)  y espero no sentir la necesidad de reabrirlo demasiado pronto.     

miércoles, 12 de junio de 2013

El arma de un enemigo íntimo.

Al pobre Juan todos lo recordaban dando piruetas, contorsionándose porque pensaba que su sombra no era una sombra normal. Según él, a cada rato le desafiaba los movimientos y la forma, por lo que tenía que estar siempre pendiente de ella. Desde niño la siguió, y cada vez que la veía, trataba de adelantarse a sus acciones y sorprenderla pero nunca lo logró.
Debido a sus constantes y rápidos movimientos, el pueblo entero no alcanzaba a distinguir si la sombra actuaba primero o no, si era cierto lo que Juan se empeñaba en alegar. Un día se cansó, y para evitarse conflictos, comenzó a salir de su casa únicamente cuando el sol estaba en todo lo alto del cielo y en todo lo ancho de la tierra, cuando le era imposible a su enemigo número uno aparecer. Pronto se hartó del calor también y dedicó sus salidas únicamente a la noche, hasta que repentinamente llegó a una resolución: decidió no salir de su casa jamás y cerrar puertas y ventanas la noche en que la luna le mostró que ella también podía revelarle al mundo sus males más internos.

sábado, 8 de junio de 2013

Juan Vicente Melo:
La obediencia Nocturna (fragmento).


Cuando entro en el cementerio suena una campana. Me detengo, sorprendido. Un ataúd avanza lentamente seguido por cuatro mujeres viejas. Sus rostros ajados están cubiertos por afeites que resbalan con el sudor. Caminan con pasitos tambaleantes, sosteniéndose unas a otras. De trecho en trecho, se detienen, respiran profundamente, se arreglan los sombreros, el cabello grisáceo, las machas que caen o se revuelven, las faldas. Luego, dan una carrerita y siguen al ataúd. Sus gemidos, sus voces se confunden con el lamento de la campana. Empiezo a llorar. Veo cómo se detienen, al fin, sofocadas por el calor y el esfuerzo. Veo cómo desciende el cajón negro. Las veo, inclinadas arrojando flores marchitas, fotografías, reliquias, en el agujero. Tratan de contener los sollozos. Se ha ido —dicen en coro—, se ha ido y nos ha dejado solas. ¿Quién de nosotras nos abandonará primero? Eso nos preguntamos todos los días después de persignarnos, desde hace ya no sabemos cuántos años. Se murió primero ella, la más olvidada del mundo. Las mujeres regresan después de echar la última mirada a la tierra que se amontona tontamente. No tuve tiempo de esconderme y las mujeres me han visto que estoy llorando. Era una gran artista —eso dicen, en coro—, la mejor artista del mundo. Pero ya nadie se acuerda de ella. Rece usted por ella. Rece usted por la salvación de su alma. Solicite usted el eterno descanso de ella. Yo, siento una gran vergüenza.      



lunes, 3 de junio de 2013

Ruta para Macondo

Maicol no era un forastero a pesar de llamarse como se llamó. Nació aquí, de la unión entre Rosalba la Grande y el Flaco Ramírez y éstos, que por sus nombres pudieran parecer boxeadores, no lo eran. Solo eran personas muy altas y únicamente en esto el hijo se les pareció un poco. En cuanto al carácter también fue distinto, fue distinto incluso a la mayoría de los muchachos del pueblo.
Desde chico dio muestras de ser distraído pero inquieto; se le veía por las calles pensando siempre en algo y luego, cuando ya tenía una idea bastante clara, tenía que llevarla a cabo costara lo que costara. Fue así como un día sorprendió a todos al mezclar el café con un poco de leche. Estábamos tan acostumbrados a tomarlo solo o con algo de azúcar que al principio se nos hizo extraño pero poco a poco nos acostumbramos a beberlo de esa otra forma. “Además sabe mejor”, se atrevieron a decir algunos.
La verdad es que le comenzamos a coger cariño y nos pudo mucho verlo irse un día, cuando parecía que la fortuna del pueblo iba a cambiar y todos creían en el porvenir. Maicol, después de pensar muchos años en silencio, dijo un día que iba a encontrar la ruta que conectaría al pueblo con otro llamado Macondo; un lugar que nadie conocía pero él insistía en recordar –pese a que nunca había salido de aquí-.
Todavía no cumplía la mayoría de edad (13 años) pero así lo dejaron ir, creyendo en él y en la posibilidad de encontrar, para el pueblo, si no inmortalidad al menos prosperidad. En realidad yo siempre pensé que tenía razón en una cosa: Macondo estaba hacía el sur, nunca para el norte aunque él, a último minuto, haya tomado dirección hacia el oeste.

domingo, 14 de abril de 2013


Es un año de regresos musicales. The Kinfe vuelve junto con los Yeah Yeah Yeahs, Foals, Devendra Banhart, Queens Of The Stone Age entre algunos otros y lo hace provocando cierta confusión. Su nuevo disco se llama Shaking The Habitual y los comentarios son dispersos, dispares y en algunos casos contradictorios.

La expectación era grande debido a los años que se tardaron en sacar disco (no tantos como My Bloody Valentine) y las creaciones que le habían presentado al mundo, las cuales no fueron precisamente muy comerciales o, para usar un término diferente, fáciles de digerir –The Knife de 2001, Deep Cuts de 2003 y Silent Shout de 2006-.

Más que electrónica, ellos son Synth Pop —me dijo Mario mientras me presentaba a Chvrches, banda que, le dije, era lo nuevo en el hype. Me contestó que no y entonces Full Of Fire, el primer sencillo de Shaking The Habitual, invadió mi cabeza otra vez. Coincidimos en que estábamos como todo el mundo que hablaba del disco: desconcertados por la inclusión de largas y cortas “canciones” compuestas por sonidos electrónicos y ruidos que, sinceramente, creemos incluyeron porque podían y remiten, como me hizo ver el mismo Mario, al Kid A. Y no es que el disco sea malo, al contrario. Además, nos sirve para entender que el proyecto del dúo sueco siempre ha sido arriesgado y diferente, tal como lo demuestran trabajos realizados entre el disco del 2006 y éste y algunas participaciones de sus integrantes, sobre todo de Karin en su grupo Fever Ray y la colaboración con Röyksopp y algunas otras agrupaciones.  

The Knife son Karin Dreijer Andersson y Olof Dreijer, quienes editan sus discos a través de su propia discográfica, Rabid Records. Dan pocas entrevistas, no hay muchas fotografías del grupo pero no son tan incognitos como The Residents o Daft Punk (que también presentarán disco nuevo en un ranchito de Australia pero esa es otra historia) y para este último álbum se impregnaron de textos relativos a estudios de género, lesbianismo, travestismo y el etcétera que ya conocemos.


Bueno —le dije—, ya vámonos a dormir. Salimos del coche y en la casa de mi vecino cantaban a coro una canción de Primavera. 

The Knife: A tooth for an eye.



The Knife: Full of fire.




The Knife: Pass this on.



Fever Ray: When I grow up.



Röyksopp: What else is there. 



sábado, 13 de abril de 2013


De alguna manera, toda vida narrada es ejemplar; se escribe para atacar o defender un sistema del mundo, para definir un método que nos es propio. Y no es menos cierto que por la idealización o la destrucción deliberadas, por el detalle exagerado o prudentemente omitido, se descalifica casi toda biografía: el hombre así construido sustituye al hombre comprendido. No perder nunca de vista el diagrama de una vida humana, que no se compone, por más que se diga, de una horizontal y de dos perpendiculares, sino más bien de tres líneas sinuosas, perdidas hacia el infinito, constantemente próximas y divergentes: lo que un hombre ha creído ser, lo que ha querido ser y lo que fue.   

-Marguerite Yourcenar

jueves, 7 de marzo de 2013

La coincidencia


Lo único que quería era bailar. O al menos eso me dijo cuando quise platicar con ella sobre las personas que desaparecen de pronto, cuando nos damos cuenta que se han ido porque su ausencia es la más concreta manifestación. Estábamos en el club social del centro llamado “La Coincidencia” y sonaba un tango o tal vez un danzón, pero no fue hasta que escuchamos una cumbia que aquella morena comenzó a menear el cuerpo. Con un ritmo delicado y sensual caminó hasta el cuadro que representaba una pista de baile y ahí, en su centro, siguió bailando sola. Todos la miramos; le miramos los pies, las pantorrillas y los muslos, luego sus tremendas nalgas y pasamos a su cintura. Ésta se movía con una cadencia fuera de lo normal y sus pechos parecían querer bailar por sí mismos. En su cara podías ver la felicidad. El vestido que usaba era, claro, de un rojo muy intenso y su pelo parecía no tener nada de este mundo. Pasado un par de minutos, cuando al fin nos percatamos de que todos le veíamos, la gente a su alrededor comenzó a bailar también; los demás volvieron a lo que antes hacían: algunos a una plática ridícula y otros simplemente a beber para olvidar o recordar, actos que no son tan diferentes como se cree pues nacen del mismo lugar. Yo seguí ensimismado, no podía dejar de mirarla pero tampoco me atreví a acercarme pese a intuir que tenía ojos indios y creer que su persona era una especie de resplandor. Tal vez pensé eso a causa del alcohol, o quizá simplemente lo hice por creer algo. El juego de luces era pobre y únicamente ayudaba a disimular la decadencia de una  manera débil pero eso no impedía que cierto bienestar animara el ambiente. El piso, con baldosas blancas, contrastaba con los decorados de las paredes: una especie de selva roja que nacía del mismo suelo, como llamas desde el infierno.
El baile estaba a punto de terminar y yo de terminar completamente ebrio, de llegar al estado en el que comienzo a olvidarlo todo y fue entonces cuando en verdad nos encontramos. La canción se había terminado y se oía, al parecer desde un lugar tan lejano que bien pudiera ser el ayer, una música triste, de despedida. Cuando nos volvimos a topar cara a cara yo levanté la mirada del suelo y alcancé a ver que venía hacía donde me encontraba pero volteando para otro lado y solamente cuando estuvo a centímetros de mí, se dio cuenta de que me podía llevar entre las piernas. Entonces sonrió y yo quise devolverle la sonrisa pero solo me pude hacer a un lado para que pasara. Supuse que iba al baño y me quedé esperando su regreso, anhelando que volviera a pasar por ahí. Cuando lo hizo también me fallaron las palabras pero afortunadamente una circunstancia me ayudó.
Ella regresaba con un andar demasiado notorio y tal vez por el ritmo que empleaba al caminar, uno de sus pies resbaló al apoyarse sobre el piso y entonces estuvo a punto de caer. Tenía una cara de miedo cuando mis brazos alcanzaron a tomarla del talle y no con poca fuerza la ayudaron a ponerse derecha. Fue realmente extraño, por no decir milagroso, poder ayudarla en mi estado pues cabía la posibilidad de que yo cayera junto con ella en ese suelo compuesto ahora por infinidad de mugre y fluidos de dudosa procedencia. Su rostro adquirió una de esas sonrisas que son mezcla de pena y alivio y el color de su vestido subió hasta sus mejillas morenas.
No más alcohol para mí. Dijo.
Estoy de acuerdo.
Bueno, también las luces me cegaron un poco.
Supongo que sí, porque ese contoneo no es tan peligroso.
Entonces su mirada se convirtió en una señal de cuestionamiento, en una muestra de picardía y cierto escepticismo al no saber exactamente a qué me refería. O tal vez sí pero sin estar segura de mi atrevimiento.
Con todo respeto. Dije para suavizar la tensión y una sonora carcajada se escuchó cuando abrió sus labios, a mí parecer, demasiado finos para el lugar.
Gracias por el levantón.
De nada, si puedo hacer más por usted por favor hágamelo saber.
Sonrió y luego se alejó con el mismo ritmo con el que estuvo apunto de caerse. La vi llegar hasta otra mujer que mientras me miraba, le respondía cosas muy cerquita.
Algo inquieto fui directo a la puerta de salida y esperé. La gente comenzó salir con pasos diversos, con sensaciones que eran familiares y desconocidas a la vez pero la noche se encargó de ponernos a todos bajo un sentimiento de ensoñación. Era verano y la calidez se desplazaba por el aire, por la oscuridad y por las miradas que trataban de encontrar compañía. Cuando pensaba en algunas cosas de antes, como acostumbro, ella reapareció. Se detuvo en la puerta y yo sentí que me buscaba, así que me moví hasta que las personas que me cubrían dejaran de obstaculizar su visión y entonces se percatara de mi presencia. Cuando lo hizo no vi ninguna señal de satisfacción pero tampoco ninguna de repulsión y entonces me quedé a esperar algo, sinceramente sin saber qué. Ella dio unos pasos y luego se detuvo frente a mí, o probablemente yo me atravesé en su camino para hablarle de nuevo.
¿Puedo caminar un rato contigo?
¿Cómo sabes que voy a caminar?
Puede que sepa muchas cosas.
Me miró alarmada pero yo estaba tratando de sonreír y al mismo tiempo tratando de ser cómicamente malvado, levantando una ceja para parecer que también leía mentes o algo parecido y eso la hizo imitar a su vez una sonrisa falaz.
¿No me digas?
Sí te digo. Dije ahora haciendo una exageración en la pronunciación.
¿Y a dónde se supone que voy a caminar, eh?
Supongo que por estas calles; vas deambular pensando en lo que harás mañana o en porque ese güey que esperabas no vino hoy y pensarás que otra vez prefirió pensar en sus problemas y quedarse en casa para planear un futuro que sabes no va a  pasar porque sueña demasiado.      
Ah cabrón, ¿eres poeta o qué?
No, solamente estoy ebrio.
Pues déjame decirte que algo hay de verdad en eso que dijiste.
Lo sé. Y además, si me dejas, puedo decirte más cosas que te van a ser familiares.
Fijó su mirada en mis ojos supongo que tratando de encontrar alguna señal de alerta, alerta que afortunadamente no encontró porque decidida respondió:
Andando pues.
Se despidió de la amiga con la que la había visto cuchichear y empezamos a caminar sin dirección. Las calles nos recibieron placenteras y agarré un poco de confianza, la tomé por la cintura porque pensé le gustaría pero luego solamente me adueñé de su brazo derecho y aunque en un principio le costó trabajo acomodar su monedero en la mano que le quedó libre, al final supo cómo caminar mientras yo la sostenía “caballerosamente”. Enfilamos hacía las calles recién remodeladas; algunas eran ahora empedradas y eso me causó una sensación de pasado. Sentí que definitivamente el pasado era el que ahora se hacía demasiado presente. Las luces mercuriales también creaban cierto retroceso temporal que seguramente solo yo noté, ella únicamente se sentía cortejada.        
¿Cómo hiciste eso?
¿Qué cosa?
Hablar de cosas muy mías.
Eso es un secreto.
Esa clase de secretos no se me hace muy común, ¿acaso nos conocemos de antes?
Dime tú.
Se quedó mirándome un largo rato, mientras dábamos pequeños pasos y el calor de la noche nos acogía de forma plena. Llegamos a la avenida Independencia y la cruzamos en silencio.
No, yo no te he visto nunca. Continuó.
No, ni yo.
Entonces todo ha sido casualidad.
¿Eso crees?
Claro, ¿cómo te llamas?     
¿No sería más divertido si tratamos de adivinarnos los nombres también?
Hizo una mueca algo extraña, arrugando el mentón y mirándome como se mira a un chiquillo que ha soltado una bobería. Luego me respondió:
Yo no soy buena con las adivinanzas, para mi serías Juan y ya.
Eso me hizo sonreír.
Bueno, al menos deja que yo adivine el tuyo.
¿A poco te crees tan listo?
No se trata de eso, es más, ni siquiera lo voy a intentar ahorita. Voy a seguir tratando de encontrar otras cosas que te gusten y al final, voy a tratar de adivinar tu nombre. Luego yo te diré el mío.
Se detuvo de pronto y me miró sonriendo. Pensé que algo no le había agradado y justo cuando iba a disculparme dijo:
Ok, Ok. Me gusta el juego. A ver, ¿qué más vas a decir? 
Bueno, siguiendo con esto de la noche y casi madrugada, apuesto a que se te antoja ir a comernos un rico y picoso plato de menudo.
¡Eso es fácil! ¿A quién no le gusta hacer eso después de unos buenos pistos?
Bueno, bueno. Entonces también te voy a decir cómo te gusta comerlo.
Miré alrededor buscando un lugar donde pudiéramos saborear el mencionado platillo pero mi memoria no podía con tanto. Infinidad de cosas me venían a la cabeza y no atinaba a encontrar el lugar, una señal o mínimo algún rumbo qué tomar. Ella vio mi turbación y algo preocupada preguntó:
¿Qué pasó?
Nada, estaba haciendo memoria.
Con esto pensó que me refería al deseo de saber dónde encontrar un lugar para comer, cenar, desayunar o como sea que se le llame a alimentarse en las madrugadas y continuó.
Algunas cuadras adelante y luego para arriba hay un restaurantito muy bueno.
¡Ah sí! Ya me acordé. Dije de inmediato y ella me miró con aquella duda en la cara que me era tan familiar, como pensando si hablaba en serio o no. Las cosas dentro de mi mente no cesaban de pasar con velocidad abrumadora pero seguí caminando como si no sucediera nada. La contemplé y la noté pensativa, caminando sin ese contoneo que le conocí pero de alguna extraña manera encantadora.
Estás pensando en lo que harás mañana ¿verdad? En como se nos está yendo la vida y si merece la pena arriesgarse un poco aunque sea. Matrimonio, casa, un hijo tal vez.
Me miró esta vez con algo de terror y se paró en seco. Un automóvil pasó por la calle sobre la que permanecíamos quietos y el claxon con el que el conductor mostró su exaltación nos sacó de la incomodidad del momento.
¿Qué?
¿Cómo que qué?
Me encogí de hombros para hacerle saber que no entendía a qué se refería. 
¿Por qué me dices esas cosas?
No sé, a lo mejor te conozco un poco.
Esto no me está gustando.
No pasa nada, no te preocupes, soy inofensivo. Mira, ya casi llegamos.
Reanudamos la caminata y un silencio se nos atravesó pero yo lo rompí para hablarle de la ciudad, de lo diferente que se estaba volviendo hasta que llegamos a una pequeña fonda. El local estaba casi vacío, solamente dos parejas más estaban sentadas en las pocas mesas que eran cubiertas por manteles de hule amarillo con flores rojas. Ordenamos y esperamos casi sin intercambiar palabras. Cuando nos trajeron la comida ella hizo el ademan de comenzar a preparar su plato y entonces la detuve.
Espera, yo te lo preparo.
Se quedó quieta y me dejó hacerlo. Lo primero que hice fue ponerle suficiente limón, dos, completos. Luego bastante orégano, nada de cebolla y una cucharada de salsa roja.
Listo, ahora puedes sopear los trozos de pan y comerte solo los pedazos de carne que no tiene mucho cuero: las “panzas lisitas” y todos los granos de maíz. 
Comenzó metiendo pedazos de pan y luego llevándoselos a la boca mientras me observaba con demasiada atención. Comió como yo lo había previsto y no me quitaba los ojos de encima. Yo preparé mi platillo casi igual pero con bastante cebolla pese a cualquier posibilidad de un beso o algo más. Ella insistía con esa mirada que no lograba descifrar cómo era que le conocía tantas cosas, incluso algunos pensamientos. Le hice la mueca mezcla de maldad y comicidad y solo entonces sonrió y se relajó. Durante la cena, por decirle de algún modo, platicamos trivialidades pero en algunas ocasiones la sorprendí adelantándome a sus palabras y entonces esa mirada inquisidora volvía. Cuando terminamos pagué y le dije que la acompañaría hasta su casa. No se opuso y eso me generó una recarga de confianza, un aliento de había dejado de sentir algunos meses atrás.
Cuando estuvimos de nuevo en la calle la oscuridad ya no era la misma y le susurré:
Vámonos Jimena, ahí viene el amanecer y recuerda que no te gusta que llegue si estás vestida.
Se quedó muy quieta y muy seria. Pude ver un rastro de decepción en su cara antes de decir: me llamo Fabiola. Luego la vi alejarse otra vez pero ahora sin mirar ni un segundo hacía atrás.